lunes, 30 de abril de 2012

Perfiles abrileños


   Con  unas predicciones de tiempo revuelto y desapacible, echó a andar abril entre olores a cera, incienso y azahar. Los días centrales de la Semana de Pasión amanecieron encapotados y la lluvia débil, intermitente y desacompasada, obligó a mirar al cielo a las hermandades en un intento de burlar el agua amenazante. No obstante, hubo mejor suerte que el año pasado y todos los pasos, salvo el de la tarde-noche del Jueves Santo, lograron salir a las calles para cumplir sus estaciones de penitencia, a veces entre un cielo festoneado de una cohorte de nubecillas que acompañaban al astro rey que lució, por momentos,  con fulgor y viveza en las alturas, por momentos, eclipsado por un cielo reconvertido en palio de crestería; a veces entre estrellas ocultas por un cerrado lienzo gris plomizo.
   El retorno de los tronos, de las dolorosas y de los cristos ahítos de sufrimiento, al ámbito de sus retablos pone fin a la representación barroca de la religiosidad popular y cede el testigo al tiempo de gloria, que invita a desempolvar los trajes de flamenco, a dar lustre a las botas camperas, a bruñir los metales, a engalanar las carretas y carrozas, a preparar los arreos de enjaezar las cabalgaduras, a hacer acopio de viandas, ...
   Entre tanto, las infraestructuras y equipamientos locales, encuentran terreno abonado en la política del Consistorio que, sin prisa pero sin pausa, está transformando la panorámica de los viarios rurales (acaban de recibir un lavado de cara los caminos de la Golosa, Cuesta del Monte, Dulce y Callejón de las Brujas) y urbanos (Calle Sileras) que hacen posible comunicaciones más diligentes y seguras para viandantes, vehículos y mercancías.
    Las dos rotondas que facilitan el acceso al pueblo se han hermoseado con sendos motivos historicistas, con referencias identitarias ancestrales –el escudo heráldico de la localidad y una de las caras de la urna funeraria hallada en el yacimiento ibero de Piquía reproducida a tamaño descomunal-  que suponen un aliciente, un reclamo para el turismo, una invitación, en definitiva, para adentrarse en su interior y conocer el legado patrimonial histórico-artístico que conserva en usufructo permanente esta ciudad milenarista.
    No pudo tener mejor prólogo la Feria del Libro de este año, un acontecimiento cultural que las sucesivas ediciones han convertido ya en un referente inexcusable del calendario abrileño de Arjona.
    Juan Eslava Galán, artesano de la palabra y divulgador de la historia, recibió de su tierra el homenaje “Natural de Jaén”, reconocimiento académico tributado por la Universidad de Jaén y el Ayuntamiento de la localidad, que viene a sumarse a los importantes premios literarios conseguidos por este hijo ilustre de Arjona, (Planeta, Fernando Lara, Ateneo de Sevilla, …) que, por méritos propios, está, sin duda, considerado como uno de los mejores prosistas en lengua hispana del panorama literario actual.
    En un momento de su intervención, cercana y entrañable, Eslava Galán reveló que su próxima obra, ambientada en la Arjona de la primera mitad del siglo XVII, recreará los episodios del hallazgo de las reliquias de los Santos Patronos.
    La primavera florece esplendorosa, amasando la luz con gracia perfumada que besa suavemente la arboleda mientras viste de colores caminos y corazones.
     Y cuando el cohete rasgue el lienzo celeste, anunciará entre los hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, vecinos y forasteros, la estética multicolor y una renovada manifestación de fe y devoción apasionadas.
   Es el momento de que cetros y banderas ondeen al aire, los estadales ciñan los cuellos, los caballos y las carretas pongan rumbo por los caminos que escancian fragancias de romero, lentisco y cantueso en busca del semblante divino que mora en lo más alto de Sierra Morena.
    A pesar del rigor de los tiempos, a pesar de las polémicas tasas, a pesar de la climatología adversa.
   Si quieres conocer otros hechos acontecidos en los ámbitos abrileños, haz clic sobre este enlace.

sábado, 28 de abril de 2012

Retratos de romería (VI)


    Finalizamos estos Retratos de romería, con una nueva aportación, en este caso, sobre algunos momentos puntuales en que la celebérrima romería de la Virgen de la Cabeza fue suspendida oficialmente o tuvo un carácter meramente residual y testimonial.

    La primera romería suspendida de la que tenemos noticia tuvo lugar en 1559, como consecuencia de la epidemia de peste que asolaba distintas zonas de Andalucía. Para evitar el contagio de la entonces villa de Arjona, se reunió en concejo el día 25 de abril de dicho año “bajo la presidencia del alcalde mayor de la provincia de Calatrava en Andalucía, el bachiller Gonzalo de Herrera” y se adoptan entre otras medidas “el cierre de cercas y portillos de la muralla y poner guardas en las puertas necesarias para el servicio de la villa; que no quedase en la villa ningún forastero de quien pudiera sospecharse trajese contagio y que a los pobres que acudiesen a pedir limosna se les diese una libra de pan para el camino; que ninguna persona asistiese a la próxima romería de Nuestra Señora de la Cabeza, bajo la pena de mil maravedíes si lo hiciera, y prohibir su entrada en el pueblo hasta pasados dos años”.
     También se acuerda nombrar a los vecinos “que habían de guardar las puertas durante veinticinco días sucesivos”.
    Casi cuarenta años después, una nueva pandemia de peste, iniciada en 1597 en los puertos cantábricos, alarmaba a la altura de abril de 1600 al Cabildo iliturgitano que previsoramente tomaba el 21 de dicho mes la decisión de suspender la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Cabeza, medida encaminada a prevenir la extensión de la enfermedad, dado el excelente caldo de cultivo que representaba la aglomeración ingente de peregrinos que arribarían de distintos puntos de España a las entrañas de Sierra Morena.     
    Pese a esta medida y otras que fueron adoptadas en los meses sucesivos, la epidemia terminaría propagándose por la ciudad a mediados del año siguiente, que tampoco celebraría la romería ni al siguiente, dándose por sofocada la pandemia el 19 de julio de 1602.
    Arjona no sufrió el contagio, seguramente por su sistema de amurallado que facilitaba el control absoluto de las salidas y entradas de personas y mercancías, una de las principales causas de su difusión.
    Su Cabildo adoptaría el 24 de marzo de 1602, cuando la peste se cebaba con toda su crudeza en las poblaciones limítrofes, el cierre con candados de “la puerta de Jaén y la puerta Nueva, y no queden más que la puerta de Córdoba, puerta de Andúxar y puerta de Martos; y éstas se cierran al ponerse el sol y en ellas se reciban testimonio de sanidad; y que nadie entre sin este requisito, bajo pena de cuatro años de destierro; y que todos los caballeros cuantiosos guarde el término a caballo, por turno”.
    Tres meses antes, el domingo 27 de enero del mencionado año, tuvo lugar una procesión general de rogativas por la salud, procesionando por las calles de Arjona las imágenes de San Roque, San Sebastián y Nuestra Señora del Alcázar, entonces patrona de la villa, oficiándose a continuación una misa en la ermita de San Sebastián.  
    Al declararse erradicada la peste en los pueblos de la comarca, Arjona lo celebró acordando “se hiciese el lunes siguiente fiesta solemne a San Roque, y se trajesen las chirimías de Martos y música y bailes; y que saliesen todos los oficiales con velas de libra y los porteros y alguaciles de media libra, y fuesen en la procesión, y hubiese misa y sermón; y que aquel día nadie trabajase, y que todos los clérigos dijesen misa a San Roque, y se pagase todo.”    
    En 1650 tampoco hubo romería. Por algún motivo que desconocemos, la imagen  de la Virgen se trasladó el 1 de marzo de su ermita del Cabezo hasta la ciudad y permaneció allí hasta el mes de diciembre.
    El  grave brote pandémico aparecido en la comarca en 1680, provocó verdaderos estragos en las poblaciones afectadas (Andújar perdió casi la mitad de su población, ignoramos si Arjona resultó indemne), de cuyo desastre demográfico tardarían décadas en recuperarse. La celebración de la fiesta en los dos años sucesivos, 1681 y 1682, tuvo sólo carácter local, no participando ninguna cofradía filial ante el temor de las autoridades de que se reprodujera la epidemia, por entonces controlada.
    Pero sin duda es a comienzos del tercer tercio del siglo XVIII cuando la romería dejaría de celebrarse oficialmente durante 11 años sucesivos, circunstancia que provocaría la desaparición de muchas cofradías y el descrédito al culto y veneración hacia esta advocación mariana.
    Todo se inició en 1772 cuando “Fernando López y Cárdenas, cura párroco de la villa de Montoro, presentó una denuncia al Consejo Real de Castilla poniendo de manifiesto los desmanes de tipo religioso, económico y social que ocurrían en la romería de la Virgen de la Cabeza, tales como ofensa a Dios y a la Virgen, escándalos generales, estafas, abusos de tipo sexual, … .”
    La denuncia del sacerdote tuvo acogida favorable en la Chancillería de Granada, que abrió un expediente de investigación y, a la vista de los informes solicitados, resolvió dar trámite judicial que concluyó con “una Orden del Consejo Real con fecha 16 de marzo de 1773” que conminaba al Corregidor de Andújar a recoger los Estatutos u Ordenanzas de la Cofradía Matriz y de todas las filiales, prohibiendo la reunión de las mismas y de la romería.
    Siete años después, en 1780, la Cofradía de Andújar redactaba unos nuevos Estatutos que terminarían siendo aprobados en julio de 1782, mediante una Pragmática Real otorgada por el monarca Carlos III que restablecía las celebraciones en el Cerro y la devoción a la Virgen de la Cabeza.
    La Guerra de la Independencia (1808-1814), la desamortización de Mendizábal (1836) y la Guerra Civil Española (1936-1939) fueron también momentos difíciles para la romería de “La Morenita”.
   Durante la ocupación francesa de Andújar (22 de enero de 2010- septiembre 1812) y pueblos de la comarca, la romería estuvo suspendida. El Ayuntamiento afrancesado, conocedor de la devoción del pueblo a su patrona, trae de su ermita el 28 de octubre de 1810 la imagen de la Virgen de la Cabeza, “para su culto y rezo en la iglesia conventual de San Francisco.”
   Con el proceso desamortizador de Mendizábal, la talla de la Virgen se traslada a la iglesia del convento de los franciscanos de Asís, donde permaneció entre 1835  y marzo de 1845. “Durante ese tiempo, el templo fue lugar muy visitado por las gentes de la ciudad y de la comarca”, que, de este modo, mantenían la devoción a esta advocación mariana. El 19 de noviembre de 1844, por Real Orden, se restituía el Santuario “a las Cofradías de Nuestra Señora de la Cabeza, trasladándose poco tiempo después la venerada imagen a su habitual morada”.
    El comienzo de la Guerra Civil en julio del 36, por último, provocaría en los años sucesivos, lógicamente, la interrupción de la fiesta hasta la finalización de la contienda.

BIBLIOGRAFÍA:

    ANALES DE LA CIUDAD DE ARJONA. Autor: Santiago de Morales Talero. Madrid, 1965.
    HISTORIA DE ANDÚJAR. Volumen II. Edita. Ayuntamiento de Andújar. Área de Cultura. 2009. CAPÍTULO: CULTURA Y TRADICIONES RELIGIOSAS EN ANDÚJAR DURANTE LA MODERNIDAD. Autor: Enrique Gómez Martínez.
    HISTORIA DE ANDÚJAR. Volumen I. Edita. Ayuntamiento de Andújar. Área de Cultura. 2009. CAPÍTULO: ANDÚJAR Y EL TRÁNSITO A LA CONTEMPORANEIDAD. Autor: Miguel Ángel Chamocho Cantudo.
    HISTORIA DE ANDÚJAR. Volumen I. Edita. Ayuntamiento de Andújar. Área de Cultura. 2009. CAPÍTULO: HISTORIA, SOCIEDAD Y ECONOMÍA EN LA ANDÚJAR ISABELINA. Autor: Luis Pedro Pérez García.
    FOTO PORTADA: Tomada de Simplemente Capillita.

viernes, 27 de abril de 2012

Retratos de romería (V)


    
    La climatología adversa y los brotes epidémicos han sido siempre los peores enemigos a los que históricamente ha tenido que hacer frente esta inmemorial romería en su vasto periplo celebrativo.
    En cada tesitura planteada, lógicamente, las autoridades responsables de la fiesta debieron sortear las dificultades que estas adversidades originaban en cada momento con decisiones de todo tipo, no siempre bien entendidas por los romeros y devotos: alteración del programa de actividades previstas, reducción del mismo o simplemente la suspensión de su celebración.
    A continuación hacemos una breve reseña de dos de las muchas romerías inusuales que han tenido un insólito desarrollo marcado por las excepcionales circunstancias en que se vieron envueltas.
   
    LA ROMERÍA DE 1898

    “La romería de 1898, tradicional y costumbrista, fue excepcional, con lluvia torrencial durante los días 22, 23 y 24 de abril, algo muy natural en ese mes de las “aguas mil”, que deslució los actos romeros señeros en Andújar. El camino se hizo penoso y agotador y concluidos los actos religiosos en el Santuario, ya que fue imposible realizar la Procesión, las cofradías tuvieron que iniciar el regreso a Andújar, que fue un gran problema porque el río se había desbordado y la corriente había sobrepasado el puente. Esta circunstancia hizo que la romería fuera diferente, pues todos, a través de la sierra, se encaminaron hacia el pueblo de Marmolejo, para desde allí, tomar la carretera hacia Andújar, sin más novedad que el mucho cansancio y la entrada de las cofradías, no por la tradicional Pontanilla, sino por el puente romano, y por la calle Tiradores desembocaron en la plaza de Mestanza, ante la perplejidad de la gente”.

   LA ROMERÍA DE 1990. 

 “Casi un siglo después, en 1990, se dio otra circunstancia anómala, esta vez referente a las caballerías, que hizo que el desfile del sábado romero tuviese un desarrollo algo insólito. Ante la prohibición de concentraciones equinas, motivada por la epidemia de peste equina, los organismos oficiales del Estado ordenan que por este año no participen en la Romería ninguna caballería, teniendo las cofradías que realizar su desfile tradicional del sábado día 28 de abril, a pie, en el mismo orden que si fueran las caballerías, y por el mismo recorrido, (…)”.

BIBLIOGRAFÍA
HISTORIA DE ANDÚJAR. Volumen II. Edita. Ayuntamiento de Andújar. Área de Cultura. 2009. LA POPULAR TRADICIÓN RELIGIOSA DE LA ROMERÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA. Autor: Francisco Fuentes Chamocho.
FOTO PORTADA TOMADA DE CANAL ROMERO.

martes, 24 de abril de 2012

Retratos de romería (IV)


    ‘Romería de la Virgen de la Cabeza’ de Alfonso Delgado Castilla, artículo de prensa que apareció en 1928, pone el acento en los prolegómenos de la fiesta y  recrea el ambiente previo a la subida al cerro, escenario del evento que describe con una brevísima alusión.
    (…) No hay en España romería que se iguale a pueda compararse a la de nuestra Virgen de la Cabeza, ni en importancia, y grandiosidad, ni en la gracia y alegría, que es el sello típico de las mujeres de ojos negros y chispeantes, de tez morena y… ¿para qué decir más?, si hasta nuestra Virgen es morenita, para no desmentir la tierra en que se apareció.
    Esta fiesta de la Virgen de la Cabeza del último domingo de abril, anunciada dos domingos antes, salía la Cofradía con sus cetros y banderas, acompañada de una de las bandas de música, y después de oír misa en la Capilla de la Virgen, iban por calles y plazas, por mañana y tarde, haciendo lo que se llamaba la “publicación de banderas” al son de la música, y parándose en algún altozano, donde los banderistas hacían alarde de sus puños haciéndolas revolotear.
    El jueves de romería volvían a salir para el “convite de hermanos”, y la música y abanderados, parábanse un momento en la casa de cada uno de éstos, y por la noche tocaba también la música en la ermita de la Virgen que la ponían iluminada con unos cuantos farolillos, y la calle Ollerías veíase muy concurrida esa noche, que servía de paseo a la gente joven.
    El viernes, a las cuatro de la tarde, salían la Hermandad y Autoridades de Andújar a la Puerta de Madrid a recibir las cofradías de Linares, Bailén, Sabiote, y enseguida se trasladaban al otro lado del Puente a recibir a todas las demás, que eran casi unas treinta, de las que recordamos: Colomera, Martos, Jaén, Alcalá la Real, Arjonilla, Puertollano, Lopera, Arjona, Torredonjimeno, Marmolejo, Higuera de Calatrava, Castillo de Locubín, Mancha Real, Menjíbar, Villanueva de la Reina, Alcaudete, Santa Fe y otras varias. La entrada de estas cofradías era verdaderamente pintoresca, y el puente ofrecía una brillante perspectiva, con una doble fila de sillas a derecha a izquierda, donde sentadas, centenares de mujeres hermosas lucían su belleza, aglomerándose detrás del gentío, que invadía toda la anchura del puente para presenciar el desfile y darles la bienvenida a los romeros. Todas las cofradías traían sus banderas desplegadas y tambor, y muchas sus músicas, los cofrades venían a caballo, incluso las mujeres que sentadas en sus sillas o jamugas cabalgaban en mulos o borricos.
    En la noche del viernes no se podía transitar por la calle Calancha, donde se situaban una porción de tiendas de feria, con juguetes y mil bagatelas, no faltando nunca la platería de los espejos de Córdoba, y los velones y almireces, y muchos puestos de turrón, avellanas, cañaduz, y pitos de barro. No se podía dar un paso con tanta aglomeración de  forasteros, y había un ruido infernal de la chiquillería, que con pitos y carracas atronaban el espacio.
    Desde el amanecer del sábado, las notas musicales de la diana llamaban a los romeros para ir organizando sus cofradías, y a eso de las nueve de la mañana, emprendían la marcha con el mayor orden, entusiasmo y alegría para el Cerro, desfile que era más vistoso y pintoresco que a la entrada.
    En toda la calle Pontanilla, que era la carrera, se agolpaba la gente, que de pie arrimados a las aceras, o sentados en dos o tres  filas de sillas presenciaban el paso de las cofradías. Era un cuadro éste lleno de vida, de lujo y esplendor. Los centenares de caras bonitas, los vistosos arreos de las cabalgaduras, las banderas de diversos colores, desplegadas y que rizaba el viento, el ruido de los tambores y el estampido de los cohetes, llenaban el espíritu de fervor y emoción, a la par que de envidia y tristeza, a los que presenciando este acto, por circunstancias especiales no podían ir al Cerro.
   Había la costumbre entonces, que  casi todos los cofrades traían algún arma de fuego para hacer salvas, y eran escopetas, lo mismo antiguas que modernas, retacos, pistolas y pistolones, y hasta trabucos, y durante el desfile hacían infinidad de salvas, sobre todo al pasar por delante del Cuadro de la Virgen, situado a la entrada de la calle Pontanilla. Muchos cargaban la escopeta de un modo formidable, pues tenían a gala el ver qué detonación era más fuerte.
    Había otra costumbre chabacana y de mal gusto, que por fortuna ya desapareció también, y era, el insultarse y el de darse bromas mutuamente, sobre todo los cofrades forasteros con los de Andújar, siendo a veces muy pesadas, y empleando frases mal sonantes, soeces y hasta groseras. Bien, pues nadie se incomodaba, la consigna era no enfadarse por nada ni en el camino, ni en el Cerro, donde se seguían dando toda clase de bromas, ya que muchos bebían más de lo debido.
    Al llegar a San Amancio, las cofradías hacían un descanso, mientras las señoras se cambiaban algo del traje, y se emprendía el camino de la sierra, hasta la subida de San Ginés, donde se almorzaba, y después otra etapa de camino hasta el Lugar Nuevo, donde muchos se detenían para comer algo, y observar la belleza exuberante de la sierra, y desde aquí se subía formando largos rosarios y caminando por aquellas laderas y cañadas, trepando por las alturas, buscando los atajos entre peñascos, lentiscos, adelfas, jaras y tamujos, hasta el Cerro de la Cabeza, en cuya cúspide se eleva el famoso Santuario…
    A la llegada al Cerro, el toque de vísperas llamaba a los fieles, y después se rezaba el Santo Rosario.
    Al llegar la noche, se encendían multitud de hogueras por todas partes…
    A la una de la madrugada empezaban las misas de las cofradías… hasta las nueve de la mañana en que formaban en la escalera de entrada al Templo por orden de antigüedad los hermanos mayores de las cofradías para besar el manto de la Virgen… Salía la Procesión. La Virgen iba colocada en unas andas muy grandes, y lo menos cien hombres, formando una cadena, la sostenían para subir por aquellas calzadas; encima iban dos sacerdotes, que tocaban sin cesar a la Virgen centenares de estadales, rosarios, estampas y medallas”.

HISTORIA DE ANDÚJAR. Volumen II. Edita. Ayuntamiento de Andújar. Área de Cultura. 2009. CAPÍTULO: LA POPULAR TRADICIÓN RELIGIOSA DE LA ROMERÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA. Autor: Francisco Fuentes Chamocho.
 Foto: Pertenece a Semana Santa de Arjona.

sábado, 21 de abril de 2012

Retratos de romería (III)


    En 'Retratos de romería' reproducimos el artículo de prensa que en 1850 escribió el andujareño García-Negrete y Mariscal. En esta ocasión, el autor fija su atención esencialmente en el análisis de los diferentes estereotipos psicológicos que, a su juicio, coexistían entre el abigarrado paisaje humano que se daba cita en el cerro más visitado de Sierra Morena.
   “(…) La multitud de concurrentes a esta fiesta notable, puede dividirse, sin querer ser ingeniosos, en hermanos o cofrades, devotos verdaderos, devotos exagerados y curiosos. Los primeros se distinguen por la Banda encarnada que a modo de tahalí colocan sobre sus mejores vestidos. Rara vez estos cofrades participan del general bullicio: se divierten como los demás cuando llega el caso, por supuesto, dentro de su círculo; satisfechos de que son “cofrades”, aunque tengan las mismas flaquezas que los “demás hombres”, procuran no dar a éstas el ensanche que en otras circunstancias menos dignas, y se portan como que edifican; o si no lo aparentan.
   Los segundos, verdaderos devotos, falange inmensa de infelices que, a pie desnudo y sufriendo cuantas privaciones pueden imaginarse, han salido del seno de sus familias, o van con ellas a dar gracias a la Reina de los Cielos por los favores que le han debido, o a suplicar a su maternal solicitud el consuelo de la pena que les aqueja, llevan pintadas en el semblante la piedad que los conduce al celebrado cerro, sin que tengan parte en los excesos de los demás.
    La tercera, es otra cosa; se compone de personas de todas clases, de todos los matices, de todas edades también; pero de una misma intención. Gentes, que bajo la apariencia de devoción, tienen el propósito de incomodar al prójimo por cualquiera circunstancia. Gente que grita, que distrae el recogimiento de los piadosos, que insulta, que se burla de todos, a quienes toman como objeto de su diversión y de sus caprichos con toda la desvergüenza que le da un “derecho” que nadie sabe donde le está consignado, ni se atreven a disputarle por temor de las consecuencias.
    Los “cuartos”…los “curiosos” son como un cuerpo añadido al anterior. Se compone de una clase de viajeros jóvenes y simpáticos, conocidos por los “desertores”, que hacen su partida contra la voluntad de sus tutores o padres, sin más fin en la romería que divertir los cinco sentidos corporales.
    Donde esta fiesta, mirada por la parte profana, más parece una “bacanal” que una celebridad religioso-cristiana, es a la entrada de Andújar, a la entrada y salida de los concurrentes, y en el mismo cerro. La noche del sábado al último domingo de Abril aquel desierto se convierte en una población numerosa; cada familia hace un hogar, y esparcidas las muchas luminarias que se encienden en la llanura y en el cerro mismo sin orden ni tiempo alguno hacen con las estrellas de que se vive en una región etérea…
    Morfeo no tiene autoridad alguna sobre aquellos habitantes; los párpados no se cierran aquella noche por la mágica influencia de su lira. Y los cantos “multísonos” que llenan el espacio, y las ocurrencias graciosas y desagradables que se oyen por doquiera, entretienen una necesidad tan indispensable de satisfacerse como el sueño. Se baila, se enamora, se seduce, se come, se bebe, se reza, se maldice, se blasfema, se disputa, hay heridos las más veces, muertes algunas, y nace el crepúsculo de otro día y viene la Aurora y se levanta el Sol, cambiando enteramente el espectáculo.
    Se oye misa; se oyen muchas misas, y todo aquel mundo que se entregó a toda clase de excesos, deja al parecer sus extravíos, sus dichos y su nada honesto lenguaje para aclamar a la Reina de los Ángeles al salir en procesión por aquellas calzadas, siendo digno de observarse su religiosidad, su entusiasmo y sus lágrimas.
    En aquel corto periodo no hay sino María Santísima de la Cabeza, que en andas, y metida en una especie de jaula se ofrece a la vista de un pueblo que la aclama si cesar, y que fija sus miradas sobre la infinidad de ciegos, mudos, informes y de cualquier modo defectuosos que van cerca de la Santa Imagen para esperar y pregonar “un milagro”. Entre tanto dos capellanes asidos a la jaula que contiene a la Virgen tocan sus vestiduras sagradas mil objetos distintos que los devuelven a los fieles, quienes los recogen con ansia y conservan con una fe que edifica.
    Concluida la procesión vuelve el caos, el carnaval, y ya no se recobra el juicio hasta que cada cual llegue a su propia casa, y ya nadie se acuerda de lo que pasó, sino es de que tiene algunos intereses menos en su capital, un motivo de temor en la salud y un “estadal” o “medida” que ofrecer al padre o tutor para que no riña, al amigo para que no se resienta, objeto amado para que lo cuelgue a su cuello o en el cabecero de su cama como prenda mixta de religión y de amor”.

Reseña biográfica del autor
Antonio García-Negrete y Mariscal, (Andújar, 1813-Jaén 1880). Político liberal, periodista y escritor. Ejerció la medicina como profesión. Fue director del colegio de Humanidades de Martos y alcalde de Jaén (1873). En 1850 publicó un artículo en la prensa de la época bajo el título “El último domingo de abril”.

BIBLIOGRAFÍA:
HISTORIA DE ANDÚJAR. Volumen II. Edita. Ayuntamiento de Andújar. Área de Cultura. 2009. CAPÍTULO: LA POPULAR TRADICIÓN RELIGIOSA DE LA ROMERÍA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA. Autor: Francisco Fuentes Chamocho.
Foto:Tomada de Canal Romero.