miércoles, 24 de abril de 2013

Vídeo de la I Ruta del Pastor de Colomera


     El pasado día 15 se iniciaba la I Ruta del Pastor de Colomera, desde la localidad que vio nacer a Juan Alonso de Rivas, pastor al que se le apareció la Virgen de la Cabeza en el corazón de Sierra Morena allá por el año 1227.
     La ruta, en cuyo proyecto ha tomado parte muy activa el arjonero Francisco Caño, consta de 150 kilómetros repartidos en siete etapas que en esta primera edición finalizó el pasado domingo día 21 con la llegada de los peregrinos a la Basílica del Santuario donde se venera a esta advocación mariana.
     La iniciativa no solo es un proyecto cultural, turístico y gastronómico sino que, a la vez pretende estrechar lazos entre los pueblos, las cofradías y las provincias que participan en el mismo,  en torno a la devoción a la Santísima Virgen de la Cabeza.
     Para conocer el contenido del vídeo emitido por Canal Sur, pincha sobre este enlace.
   Fuente: Canal Sur.
   

lunes, 22 de abril de 2013

El XXVI Certamen Literario “Álvarez Tendero” acentúa su carácter local


    La vigésimo sexta edición del Certamen Literario “Álvarez Tendero” renuncia a su vocación internacional y acentúa su carácter local, según se desprende de las bases de la convocatoria hechas públicas por el Ayuntamiento de la localidad en fecha reciente.
   En efecto, las principales novedades que depara la presente edición tienen que ver con la desaparición del Premio Arjona de Relato Breve (categoría senior), dirigido a escritores noveles de España y del resto del mundo, y que ahora se reorienta hacía un nuevo segmento de la población local, concretamente al de aquellas personas residentes en Arjona no incluidas en el resto de las categorías infantil y juvenil; la creación del I Concurso de Microrrelatos SMS, iniciativa que tiene por finalidad promover la creación literaria a través del uso de las nuevas tecnologías y, por último, la reestructuración de las tres categorías en que participaban hasta ahora los alumnos de los dos centros educativos de la localidad, -I.E.S. ‘Ciudad de Arjona’ y CEIP ‘San Bonoso y S. Maximiano’- en dos, A (Infantil: para alumnos de 5º y 6º de Primaria)  y B, (Juvenil: Tres modalidades: 1. Alumnos de 1º y 2º de ESO; 2. Alumnos de 3º y 4º de ESO y 3. Alumnos de Bachillerato  y resto de alumnos de los Centros Educativos).
  En el capítulo de los premios también aparecen novedades: sólo se premiará el trabajo que resulte ganador de cada categoría, desapareciendo el segundo galardón al finalista, y, de otro lado, todos recibirán un mismo premio, una tablet y diploma.
   Para quienes deseen conocer los pormenores de la convocatoria, mostramos las bases por las que se regirá la renovada edición del Certamen Literario:
Pinchar sobre la imagen para verla a mayor tamaño
    Y éstas son las características del I CONCURSO DE MICRORRELATOS SMS:

    Fuente: Díptico de la convocatoria.

sábado, 20 de abril de 2013

La romería de la Virgen de la Cabeza a través de la prensa (IV)

    Otra mirada, otra visión, expuesta desde una retórica grandilocuente y ampulosa.


Santuarios españoles populares
SIERRA MORENA TIENE EN SU “CABEZA” EL CORAZÓN DE TODA ANDALUCÍA
     
                           Virgen de la Cabeza,
                          ¡quién pudiera ir
                          una vez por septiembre
                          y otra por abril…!
      

    La copla popular -arrullada por la guitarra, encendida por el amor, desgarrada por el dolor o el recelo, vibrante y sublimada por el ímpetu de la fe ingenua y comunicativa- lo dice todo en mi tierra. Fluye como los veneros de sus cumbres, inflama como el sol de su cielo incomparable, perfuma como el oro licuado de sus viñedos, atrae y cautiva como el dejo simpáticamente pegadizo y arabizado de su parla característica, y pervive encantadora como la sugestión y misterio de sus tradiciones y reliquias seculares.
  Entre éstas culmina, en férvido culto de hiperdulía, robustecido y generalizado, la dilección entusiasta por la más alta y universal de sus imágenes y el más renombrado y conmovedor de sus antiguos santuarios. ¡La Virgen de la Cabeza!
  Su nombre expresa la singularidad de su eminencia y el alma toda andaluza palpita, sencilla, enternecida y genuflexa, en sólo cuatro versos de ansiedad religiosa, que, como el Betis olivífero, peregrinan desde las crestas, contrafuertes y lomas de su vertiente hasta las dilatadas marismas que van a dar en la desembocadura de Bonanza, y que, avanzando, se confunden con la inmensidad. Por tal explosión de espiritualidad sincera, el sentimiento colectivo irrefrenable es, a un tiempo, canto y plegaria, suspiro y anhelo, confesión íntima y voz de vehemencia empapada en lágrimas, con que habla, reza y desata allí su alegría la región entera, en sus estupendas romerías de primavera y de otoño.
  Mirador incomparable y escala del cielo, en el empinado cerro de la Cabeza, y sobre las rocosas lajas de sus calzadas se asienta y resalta, con su tonalidad ocre ya renegrida por el sol y por el tiempo, el venerado y célebre santuario. Y desde aquellas fragosas alturas en que Sierra Morena enarca sus hombros gigantescos y expande su brava vegetación, se domina en perspectivas de maravilla inenarrables toda la Bética, que, prosternada ante la Virgencica medieval del pastor manco, bien ha podido ser llamada por ello la “Tierra de María Santísima”.
                                                                 _______
  Desde la milagrosa invención de la imagen, en el primer tercio del siglo XIII, ganó esta singular devoción el corazón enfervorizado de las muchedumbres, y fue la ciudad de Andujar, centro y hogar mayor de este culto, la primera que aclamó y festejó reverente en sus calles a esta Virgen, bajada de la sierra en procesión, y la que fijó, para la solemne romería anual de los pueblos al santuario, el postrer domingo de abril. No quiso quedarse atrás Arjona, y no tardaron en sumárseles las más importantes ciudades  y pueblos de treinta leguas en contorno, agrupándose presto en Cofradías de ufana y santa “esclavitud”, en capitulaciones y constituciones especiales de piadoso concurso y en aportación de insignias y lábaros, que, cual guiones de fe y júbilo popular, rivalizaban cada vez más en riqueza y número, y enaltecían y difundían la alteza y denuedo de esta espiritual cruzada.
  Así, los cronistas, que señalaban ya, a mediados del siglo XVII, cerca de un centenar de Cofradías, que en las fiestas abrileñas subían al cerro de la Patrona, salvando las asperezas de las trochas y pendientes montuosas y acampando como legiones diversas de un ejército al pie de las calzadas del santuario, trazan con pinceladas de viva realidad el cuadro pintoresco y emocionante de tal solemnidad. “Es de ver –dicen- cómo los cofrades, alistados por pueblos y ciudades, afluyen y avanzan, cara al cerro de la Virgen, con sus banderas, pendones y estandartes ricos y costosos, bordados de oro y seda, y algunos de pedrería sobre terciopelos y damascos de carmesí y otros diversos colores, que no parece sino que a porfía cada año se aventajan unos a otros. Algunos son tan grandes y tan cargados con el oro y bordados, que van dos o tres cofrades asidos a las varas para poderlos llevar enarbolados en la fiesta y profesión, y otros dos o tres más con guindaletas y cordones de seda, que los van sustentando para que no venzan a los que mantienen en alto a aquellos”.
  Con ser muchas las casas edificadas, para alojamiento durante las fiestas, al pie y enfrente de las calzadas del santuario, la extraordinaria concurrencia excede a toda previsión y disponibilidad de un año para otro. Y así son tantos, que cuéntense por centenares los cofrades que forzosamente han de acomodarse en tiendas de lona muy grandes y capaces o en otras  improvisadas estancias, que no excluyen los mismos carros y  coches en que hicieron la caminata ni los hodiernos automóviles que hacen alto en los alrededores del arco de la plaza del santuario, ofreciéndosenos en su conjunto el más pintoresco y animado campamento, que, contemplado desde la meseta de cerro de la Virgen, al salpicado y vivo fulgor de las innúmeras fogatas encendidas y esparcidas, semeja espejo inmenso del cielo estrellado.
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  No se celebra ahora, como antaño, la feria franca tradicional que en torno al santuario duraba ocho días, a la cual acudían “tantos mercaderes de platería y otras mercaderías, con tal abundancia, que en aquel desierto sobraba todo y no faltaba nada”. Pero ni en la heredada devoción de las multitudes, que suman millares ni en su exaltado y desbordado júbilo, ni en los próvidos mantenimientos que sobrepujan a todo cálculo, se echa nada de menos en la extensión dilatada que cubre aquel ejército de fervientes romeros desde el día antes de la fiesta renombrada.
   De los más distantes burgos y aldeas de entrambas Andalucías y de luengas tierras castellanas pónense en movimiento con tiempo los ‘cucones’; y a los madrugadores de las lejanías se van incorporando, al paso de la peregrinación por caminos y poblados, las demás Cofradías romeras, que hacen gala de sus características y divisas inconfundibles, Colomera toma la delantera a todas; cuatro días antes del último domingo abrileño tremola su bandera e inicia la marcha al cerro de la Cabeza en jornadas de entusiasmo reavivado que, haciendo escalas en Castillo de Locubín y en Jaén, va acrecentándose y reclutando las legiones de devotas de la provincia hasta Andujar, donde todos confluyen y de donde todos partes juntos en una ascensión indescriptible para el santuario serrano.
  En las continuas vueltas  y revueltas de camino interminable que desde la antigua Iliturgis lleva a la cumbre de la Virgen, irrumpiendo por la vegetación selvática de la sierra brava en un subir sin respiro, pasando por el risueño y exuberante oasis de “las Viñas” de la altura para descender luego a los desfiladeros y cauce delicioso del Jándula –paraje desde el cual, mirando al cielo, se descubre con honda emoción la amorenada silueta del santuario que señorea la altura-, y de allí, ascendiendo de nuevo hasta el cerro famoso, la multitud peregrina, enfervorizada y alegre, avanza, y, sin desmayo de cuerpo ni  de espíritu, antes obsesa de divina locura, toca el término de su renovada romería, que es como poner pie en la bíblica tierra de promisión de sus anhelos.
  El sábado anterior a la fiesta acuden a Vísperas al templo todos los cofrades, llevando sus estandartes, banderas y pendones entre vítores y músicas; y como la iglesia es pequeña para contenerlos a todos, por grupos, por pueblos han de ir turnando en el desfile. Y no bien salen del templo por su orden, cuando, deteniéndose a poco trecho, van tremolando las banderas en porfía de quienes lo hagan mejor, para lo cual procuran en tal día designar a los de mayor fuerza y destreza de cada Cofradía, dando la muchedumbre romera  voces y entre aplausos la victoria a quienes hayan aventajado a los demás.
Vista de las casas de Cofradías a pie del Cerro (1929)
  Sábado y domingo van turnando las Cofradías en las fiestas que se suceden, y cada canto y rezo termina con vítores de frenético entusiasmo dentro de templo.
  Tras la función solemne del domingo (día 28 este año), día grande de la fiesta mayor, que corresponde a los cofrades de Andújar, la imagen de la Virgen, engalanada con sus más ricas vestiduras y alhajas, coronada de oro, como su divino Hijo, y circuída de su opulento y refulgente nimbo, es puesta por los capellanes de su culto sobre el regio pedestal y andas de plata, que, dispuestas y aderezadas al efecto, llevan a hombros más de 40 cofrades andujareños hasta las puertas del santuario, donde la recibe la Cofradía de Arjona, de la cual pasa a las de los otros pueblos allí representadas, a medida que la procesión va desfilando por entre las peñas de las calzadas, en que cada Hermandad forma ordenadamente con sus rótulos y emblemas.
  Del amor de aquel pueblo a su Patrona son espléndido testimonio las graníticas estelas de su Rosario Monumental, que, robustos hitos de encendida devoción y arte, se asientan elocuentes en las calzadas desde agosto de 1928, en que una Junta de damas aristocráticas andujareñas, presidida por la noble y venerada condesa de Gracia Real, poniendo en obra la iniciativa de Alcalá Venceslada, ilustre escritor jaenés, las inauguró solemnemente e hizo bendecir por el prelado diocesano en la inolvidable procesión nocturna de las Antorchas, digno coronamiento jubilar del VII Centenario de la Virgen adorada.
                                                                                 RODOLFO GIL
  
    Fuente: Texto y foto interior tomados de ABC, edición del 28-4-1929.
   Foto de portada: Autor: Caño Martínez. Tomada de Canal Romero.

miércoles, 17 de abril de 2013

La romería de la Virgen de la Cabeza a través de la prensa (III)

    Con ocasión de la celebración del VII Centenario de la aparición de la Virgen de la Cabeza al pastor de Colomera, Juan de Rivas, el semanario ilustrado NUEVO MUNDO publicaba el 16 de septiembre de 1927 la siguiente crónica sobre la romería más antigua del solar hispano, que, dicho sea de paso, acaba de ser declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía. 


EL VII CENTENARIO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN DE LA CABEZA
Una romería entre lobos en Sierra Morena

    Para celebrar el VII Centenario de la aparición de la Virgen de la Cabeza, Patrona de Andújar, han tenido lugar estos días solemnes fiestas en el propio Santuario de Nuestra Señora, con asistencia del señor obispo de la diócesis de Jaén, autoridades y numerosísimos fieles. Y como quiera que han tenido una gran semejanza con los festejos de todos los años en la Romería del último domingo de Abril, ocupémonos de ellos con esta oportuna ocasión.
    El espectáculo es de lo más maravilloso de cuantos puedan imaginarse. Y es tan tradicional, que ya el propio Cervantes describiólo en esta forma: “el lugar, la peña, la imagen, los milagros, la infinita gente que acude de cerca y de lejos, el solemne día que se celebra, le hacen famoso en el mundo y célebre en España sobre cuantos lugares las más extendidas memorias se acuerdan”. Celébrase la fervorosa y pintoresca fiesta religiosa en el Real Santuario donde se venera á la milagrosa Virgen, levantado en lo más agreste de la Sierra Morena, donde Nuestra Señora se presentó al Pastor de Colomera, Juan de Rivas, en 12 de Agosto de 1227, y fue teatro en mucho tiempo de mil hazañas de bandoleros y en toda época vivienda de lobos.
    Desde el abrupto lugar, que toca con las nubes, domínanse, en inmensa extensión, altísima cordillera de montañas, profundos precipicios y numerosos pueblos que parecen tesoros de la nieve entre los floridos valles ó sobre las escarpadas colinas.
Vista general del Santuario, en Sierra Morena (año 1927)
    Y á la vista y contemplación de tan espléndido panorama, el espíritu del hombre se exalta y conmueve, alabando la grandeza de la obra de Dios y reconociendo la humildad de su propia pequeñez. Centenares de pueblos de la comarca y de otros de Extremadura y Castilla acuden á la romería con sus Hermandades, llevando sus banderas, como trofeos de fe, y sus músicas como ecos de su alegría.
    Todas las Hermandades han de entrar en Andujar, que es el punto en donde deberán reunirse para hacer juntas la ascensión a la montaña del Santuario, por el antiguo puente romano sobre el Guadalquivir y por la Puerta de Madrid, acudiendo á recibirlas la Hermandad de la antigua Iliturgi, sus autoridades y lo más animoso de su mocerío.
    Y no es para contarse la efusión y el jolgorio con que son saludados los forasteros por el pueblo hidalgo, abundando los vivas á la Virgen de la Cabeza, la más guapa y milagrosa.
    En las noches se celebra el Santo Rosario y se redoblan las exaltaciones fervorosas y las escenas de la más profunda emoción.
    En la mañana del día siguiente se organiza la romería, subiéndose al Santuario sobre bestias por caminos de herradura, y ahora también en coches, carros y automóviles por serpenteante y empinada carretera.
    Las muchachas, emperifolladas con sus mejores galas, van en jamugas,  cubriendo los lomos de las sufridas y pacientes bestias con ricos lienzos de damasco y colchas de seda y finos encajes.
    El caminar de los romeros hacia la altura inconmensurable ofrece uno de los espectáculos más animados y pintorescos, abundando las escenas llenas de color y de entusiasmo.
    Cercanas a la cumbre donde se alza el Real Santuario comienzan las  calzadas de piedra cortante, y entre ellas el blanco caserío donde ha de albergarse cada Hermandad.
    Los que cumplen promesas caminan arrodillados hasta el Santuario, dejando trozos de sus carnes en el filo de los peñascos y regueros de sangre viva y caliente. También suben, como en procesión, los amortajados que estuvieron al filo de la muerte, y los tullidos que sanaron por milagro de la Virgen, llevando, para ofrecérselas, sus muletas.
    Y todos rezando, ó cantando salves, ó dando vivas á la Madre celestial.
    Saludada la Virgen y hecha la presentación de las banderas, la gente se repliega hacia los caseríos y hacia las tiendas de campaña que la han de cobijar en la noche. Se hacen arder las hogueras, como ojos siniestros de la sombra, para alumbrarse en la cena y la fiesta, y para ahuyentar á los lobos, que corren despavoridos y amedrentados, llenando de aullidos los aires del dilatado lugar.
    Y durante la noche, todo entre los romeros es baile, y música, y chasquidos de cohetes, y alabanzas á la Virgen, en un sin cesar que concluye con las primeras tintas del amanecer.
    Entonces, ante el altar de la Virgen venerada, el capellán de cada Hermandad dice su misa votiva, oyéndola todos los hermanos con la más acendrada fe y unción.
    Terminadas las misas de Hermandades, se dice la principal con toda ostentación, redoblándose en ella todos los votos. 
    Y se saca á la Virgen en procesión sobre unas andas amplísimas, en las que van también subidos varios sacerdotes, ocupados en ir tocando á la sagrada imagen estadales, medallas y rosarios y algunos niños de los que llegaron amortajados.
Salida de la procesión del Real Santuario (año 1927)
    La procesión recorre las  calzadas, seguida de todas las músicas, entre los gritos y exclamaciones de los romeros y entre los estampidos de las numerosas tracas, que allá tendrán sus ecos en lo profundo de los valles, Y terminada la procesión, otra vez á comer, á beber y á bailar, hasta que se organiza el retorno.
   El Hermano mayor de cada Hermandad da de comer á su costa á todos sus cofrades, llevando corderos y pollos por docenas, y frutas en abundancia incomparable. Sólo á las bodas de Camacho rememoran estos banquetes. Durante el descenso por la enriscada montaña, las peripecias se suceden. Cosa típica en esta fiesta son los pitos de barro, con cuyo tocar los romeros se divierten, y hay quien los compra por fanegas y los tira al trigal para que los muchachos se lancen á cogerlos, con lo que satisface el insano gusto de ver cómo le estropean la sementera al vecino. Ello da lugar á escarceos entre el que tiró los pitos y el perjudicado, dándoseles fin con el buen humor y las chanzas de los demás, que oportunamente intervienen.
    Salvados estos escollos y los que interponen los vasos de más, todo es pura alegría y diversión y exaltaciones fervorosas.
    Y terminada la pintoresca y tradicional romería, comienzan los planes para que la del año siguiente sobrepuje á las que le precedieron.
                                                                                       J. MUÑOZ SAN ROMAN
   Fuente: Texto y fotos tomados del semanario NUEVO MUNDO, edición de 16-9-1927.

  

viernes, 12 de abril de 2013

La romería de la Virgen de la Cabeza a través de la prensa (II)


    El 5 de mayo de 1916 aparecía en el periódico LA ACCION, en su página segunda y bajo el título  ferias españolas ROMERIA DE LA VIRGEN DE LA CABEZA, la siguiente crónica, nuestra segunda entrega sobre la fiesta a esta advocación de María: un cuadro costumbrista que deja traslucir sus prolegómenos, la marcha del cortejo romero rumbo a la sierra, los encantos paisajísticos del camino y la actividad festivo-religiosa en el Cerro antes del regreso.


FERIAS ESPAÑOLAS
LA ROMERIA DE LA VIRGEN DE  LA CABEZA

   “En el último domingo de Abril se celebra anualmente la fiesta y romería de la Virgen de la Cabeza, Patrona de Andújar, fiesta que goza de justa celebridad en Andalucía y que posee sobrados encantos para merecerla.
 Deseosa LA ACCION de recoger en sus columnas todas las palpitaciones del pueblo español, dondequiera que surjan y sucedan, especialmente si ellas llevan un alegre sello tradicional y castizo, nos dio el encargo de asistir a esta romería religiosa, que reúne en el corazón de Sierra Morena a miles de almas llegadas de distintos y apartados pueblos.
    En Andújar
    Llegamos a Andújar cuando la población se disponía para recibir las cofradías forasteras que concurren a la romería.
    Andújar es un pueblo alegre y risueño, que parece bajado de los abruptos montes para bañar la blancura de sus pies en el Guadalquivir. Un puente antiguo y magnífico separa la ciudad de la vía férrea, y a ese puente acuden los vecinos para dar la bienvenida a las  cofradías que llegan de lugares más o menos alejados.
    Entre apiñadas filas de coches y automóviles desfilan las hermandades con banderas, músicas y tamboriles, oyendo saludos cariñosos y frases de amistad.
    Camino de la sierra
    El sábado último comenzaron desde apenas llegado el día el movimiento y los preparativos de los expedicionarios. Los amables oficios de amigos que se disputan el cumplimiento de los santos deberes de la hospitalidad nos han provisto de un mulo práctico en andanzas serranas; olvidando la triste figura que bestia y caballero componían, nos unimos a la cofradía de Andújar que a las ocho de la mañana comenzó su desfile por el pueblo.
    Rompían la marcha varias, grandes y artísticas banderas de vivos colores, sostenidos por jinetes que las movían y batían al aire; luego iban los romeros, vestidos con lujosos trajes y sentados sobre burros adornados con ricas colchas de raso. Terminando la larga fila de bellas devotas marchaba la hermana mayor, Juanita Martínez, una encantadora muchacha que, con elegante traje de amazona, cruzado por una artística y bella banda blanca bordada en oro –que la sirve de distintivo-, y montando un brioso caballo, recibía los elogios, las flores y los chicoleos del público que al paso de la comitiva se agolpaba. Una banda de música precedía a los romeros del sexo fuerte, que, montados, en caballos y mulos, cerraban el típico desfile. El hermano mayor, don Juan Martínez; el alcalde de Andujar, don José Ortí; el capellán de la cofradía, las autoridades locales, etc., formaban parte de este apiñado grupo.
    Ya fuera del pueblo, la comitiva hace un alto en la ermita llamada de San Mancio para prepararse al rudo camino. Las mujeres cambian sus vestidos de seda por trajes adaptados a la índole de la expedición, y entre los hombres aparecen las botas de vino, que comienzan a cumplir su cometido.
    Pronto se reanudó la marcha, formándose grupos de romeros y romeras, que cambian chispeantes palabras y vierten el buen humor a caño libre; nosotros tuvimos la suerte de hallar unas chiquillas guapas y graciosas que saben a maravilla el arte de acortar los caminos;  nuestro desdichado mulo, que impertérrito sufrió sus burlas y chistes, las debe el favor de que le prestaran alas, pues sólo así nos explicamos lo breve que nos pareció el recorrido.
    El camino está exuberante de galas; es pintoresco siempre, perfumado a todas horas por la vegetación de un monte que coquetonamente se adorna con flores de jara y tomillo. Por nuestra parte, no sabíamos qué admirar más: si la grandiosidad del paisaje, el donaire de las compañeras de viaje o el celoso cuidado de algunos cofrades, vigilantes siempre de que la sed no nos atormentara.
    A las doce del día, un almuerzo copioso repara las fuerzas; un almuerzo alegre y bullicioso en medio del monte, sazonado con carcajadas y bromas.
   Sin prolongar mucho el alto, pues aún quedaban por recorrer algunas leguas, emprendimos la marcha, cruzando veredas que, sin vacilar ante la aspereza del terreno, sorprenden, atrevidas, los más hermosos lugares de la sierra. Muchas veces, cuando se llega a puntos altos, la vista domina revueltas y curvas del camino, que, marcado por los chillones colores de las sombrillas de las expedicionarias, parece moverse como un reptil que se arrastrara rozando …(ilegible).
    A las cuatro de la tarde llegamos al cerro cuya cresta corona el santuario de la Virgen de la Cabeza, y allí hacen su entrada las cofradías con las banderas desplegadas y las músicas tocando.
    En el Cerro de la Cabeza
    Pocos paisajes podrán poseer la grandeza y esplendidez de este cerro de la Cabeza, que domina a cuantos le rodean y parece vigilar los accidentados lugares que le circundan. La majestad  y el silencio de la sierra le rinden una ofrenda de respeto y un fondo de maravillosas variantes.
    En la falda del cerro, esparcidas por unos y otros lados, se divisan muchas casitas blancas, que pertenecen a cofradías de distintos pueblos; por todas partes se ven gentes que bullen y se mueven, grupos de caballerías que descansan de la jornada, tiendas de campaña preparadas para la noche, hogueras, dispuestas a servir de cocinas y, en fin, una extraña  población que turba la paz de un monte salvaje y agrio.
    ¿Quién podrá olvidar esa noche, pasada en pleno campo, entre riscos y monte, lejos de poblado, sintiendo el rumor confuso de músicas y gritos de alegría, bailes y voces que rompen una sola vez al año el silencio imponente de las noches de la sierra?
    La fiesta de la Virgen
    Desde antes de amanecer, las cofradías marchan al santuario para oír sus misas y, más tarde, celebrada la función de iglesia en honor de la Virgen, se organiza la procesión, que baja por pendientes calzadas en larga fila, compuesta por cofradías de los siguientes pueblos: Priego, Castillo de Locubín, Sabiote, Higuera de Arjona, Villanueva de la Reina, Linares, Menjíbar, Mancha Real, Higuera de Calatrava, Villa del Río, Cañete de las Torres, Valenzuela, Marmolejo, Torredonjimeno, Arjona, Rute, Jaén, Montoro, Lopera, Bailén, Puertollano, Arjonilla, Alcalá la Real, Martos, Colomera y Andújar.
    Detrás de las cofradías marcha la imagen de la Virgen sobre andas, en las que va subido un sacerdote, con la misión de tocar a la imagen con objetos piadosos que le van entregando los romeros.
    Esta procesión que se descuelga del empinado cerro, destacándose vivamente con los colores de las numerosas banderas, atravesando sitios abruptos y desarrollándose entre clamorosos vivas a la Virgen, que se mezclan con las notas de las músicas y los redobles de los tamboriles, es un espectáculo que emociona por la extraña mezcla de sencillez y grandeza que encierra.
    Nosotros, admirándolo todo, sentimos un mayor respeto y un encanto especial ante el paso de las cofradías más modestas, en las que los trajes campesinos de los hombres y las galas algo añejas de las mujeres, que hubieran tentado a risa en otras ocasiones, parecían ennoblecer el acto y afirmar la honradez de una fe que con terca monotonía iba cantando el tamboril.
    El regreso
    Terminada la procesión, y después del almuerzo servido suculentamente en la casa-cofradía de Andújar, emprendimos el regreso por carretera para gozar las delicias de su paisaje y dar fe de que el viaje a la Virgen de la Cabeza puede hacerse con toda comodidad, aún cuando los numerosos automóviles y coches que asistieron a la fiesta lo tenían bien demostrado. Una hora de “auto” y poco más de tres en coche permiten recorrer la distancia que separa a Andújar del cerro de la Cabeza, ofreciendo panoramas deliciosos al turista.
    Notas finales
    A la romería han asistido este año, las autoridades locales de Andújar, el gobernador civil de Jaén y su señora.
    La originalidad de la fiesta, los encantos de los lugares donde se celebra y la hospitalidad y simpática cortesía del pueblo de Andújar son cosas más que sobradas para recomendar la asistencia a esta típica romería andaluza.
    Entre nuestros más gratos recuerdos conservaremos los de esos dos días de esparcimiento y suaves emociones; esas horas en que conseguimos mezclar la paz de los campos con la sana alegría de la sociedad entre hombres, y no hemos de olvidar tampoco a las lindas señoritas que supieron ocultar su fatiga para evitar que apareciera nuestro cansancio.
                                                                                                       Antón Zotes
    Andújar, Mayo 916.

     Fuente: Imagen y texto se han tomado del diario LA ACCION (5-5-1916)